Donald Trump confirmó su asistencia a la cumbre del G7 que se celebrará del 15 al 17 de junio en Evian, Francia. El presidente estadounidense viajará a la estación de montaña junto al lago para reunirse con los líderes de Alemania, Canadá, Francia, Italia, Japón y Reino Unido, a pesar de las fricciones actuales por la guerra en Irán y los aranceles comerciales.
El mandatario planea abordar temas como la inteligencia artificial, el comercio internacional y la lucha contra el crimen organizado. Sin embargo, el ambiente se prevé tenso. Trump ha criticado a sus aliados por no ayudar a reabrir el estrecho de Ormuz, cerrado de facto por Irán, lo que ha disparado los precios del petróleo. Los países del G7, por su parte, expresan preocupación por el impacto económico de la guerra entre Estados Unidos e Israel, especialmente mientras lidian con los aranceles impuestos por Washington.
La cumbre llega en un momento delicado para las relaciones transatlánticas. Trump ha lanzado múltiples ofensivas diplomáticas y comerciales contra varios de los asistentes, lo que complica el diálogo. Aun así, la Casa Blanca considera que el encuentro puede servir para avanzar en asuntos de interés mutuo. Los líderes europeos observan con cautela cómo evolucionan las posturas estadounidenses.
Al final, el G7 parece más una reunión familiar disfuncional que una cumbre de grandes potencias. Mientras Trump busca apoyo para sus prioridades, los aliados intentan minimizar los daños económicos. La diplomacia actual sigue pareciendo un juego de ajedrez donde todos mueven piezas pero nadie quiere admitir que el tablero está cada vez más inclinado.