En un giro más inesperado que un final de temporada de tu serie favorita, los enviados de Donald Trump, Steve Witkoff y Jared Kushner, parten este sábado a Pakistán para charlar con Irán y tratar de apagar el incendio de la guerra. Lo confirmó la Casa Blanca, mientras todos se preguntan si esto será un trato histórico o un fiasco épico.
Witkoff, un socio comercial de Trump reconvertido en diplomático de acción, y Kushner, el yerno con más millas aéreas que un piloto, se reunirán con la delegación iraní. La secretaria de prensa, Karoline Leavitt, soltó en Fox News que los iraníes pidieron este cara a cara, y Trump, siempre fan de un buen reality, dijo que sí. Eso sí, el vicepresidente JD Vance, quien lideró la primera ronda de charlas, se queda en casa esta vez. ¿Descanso o estrategia? Quién sabe. Estas conversaciones llegan tras una primera reunión hace más de dos semanas, justo antes de que ataques de Israel y EE. UU. el 28 de febrero hicieran que Teherán gritara “¡traición!” más fuerte que un villano de telenovela.
En la primera ronda, Irán rechazó las demandas de EE. UU. sobre su programa nuclear, mientras Trump extendía un alto el fuego indefinido, pero con un giro: ordenó reventar cualquier barco iraní que juegue a plantar minas en el estrecho de Ormuz. ¿Diplomacia o farol? Leavitt insiste en que Trump apuesta por la paz como primera opción, aunque parece que tiene un plan B más explosivo que un blockbuster de verano.
Así que, mientras Witkoff y Kushner negocian en Pakistán, el resto del mundo mira con palomitas. ¿Lograrán un acuerdo o solo más drama internacional? Esto tiene más intriga que un chat de grupo en crisis.