En su reunión este jueves en Pekín, Donald Trump y Xi Jinping se dieron la mano y coincidieron en algo que no sea solo sonreír para la foto: el estrecho de Ormuz debe seguir abierto. La Casa Blanca confirmó que ambos líderes ven este paso como la arteria vital para el flujo de energía global, algo así como el Wi-Fi gratis del petróleo. Con la guerra entre EE. UU., Israel e Irán desde el 28 de febrero, Irán ha cerrado casi por completo esta ruta, por donde antes pasaba un quinto del comercio de crudo y gas. Aunque hay tregua desde abril, EE. UU. responde bloqueando puertos iraníes.
China, que según Kpler recibe más de la mitad de su crudo de Oriente Medio por este estrecho, está más nerviosa que un estudiante en examen final. Xi dejó claro a Trump que no quiere una “militarización” del paso ni que Irán cobre peaje como si fuera un puente privado. La Casa Blanca calificó el encuentro como “bueno”, esquivando con elegancia el tema candente de Taiwán.
Pero Xi no se mordió la lengua. Advirtió que un mal manejo de Taiwán, la isla democrática que Pekín reclama como suya, podría llevar a un choque entre las potencias. “Si esto se descontrola, estaremos en una situación muy peligrosa”, dijo, como quien avisa que no toquen el último pedazo de pizza.
Así que, mientras Ormuz une a Trump y Xi en un raro momento de armonía, Taiwán sigue siendo el hueso que nadie quiere soltar. ¿Podrán mantener la paz en el estrecho sin tropezar con la isla? Esto tiene más drama que un final de temporada.