Chris Wright ofreció una curiosa actualización en un evento del Atlantic Council, afirmando que los barcos se están atreviendo repentinamente a cruzar de nuevo el Estrecho de Ormuz, incluso mientras persisten las tensiones con Irán. El secretario describió un panorama de movimiento gradual donde antes reinaba un bloqueo absoluto, sugiriendo que las rutas de petróleo y gas se están descongestionando lentamente sin que nadie dé la señal de que todo está bien.
El estrecho había estado prácticamente congelado desde finales de febrero tras los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán, que interrumpieron aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo y gas natural licuado. Últimamente, un puñado de buques ha comenzado a atravesarlo, a menudo navegando en la oscuridad con los transpondedores apagados, como adolescentes que se cuelan saltándose el toque de queda. Wright advirtió que restablecer los volúmenes normales de energía aún requeriría muchos meses después de cualquier alto el fuego, un plazo que parece más largo que esperar a que finalice una actualización de software.
Estas interrupciones han disparado los precios mundiales de la energía, sacudiendo las economías desde Tokio hasta Berlín y generando problemas políticos al presidente Donald Trump y a los republicanos de cara a las elecciones de mitad de mandato de noviembre. Washington sigue presionando a Teherán para lograr un acuerdo de paz que garantice la apertura total del estrecho, con la esperanza de que el comercio se reanude sin más viajes clandestinos nocturnos ni maniobras secretas con transpondedores. La situación mantiene a los operadores en vilo, preguntándose si el próximo petrolero aparecerá al amanecer o simplemente desaparecerá en otro apagón.
Al final, el mercado energético se asemeja a un conductor nervioso que pisa el acelerador mientras sigue mirando por el retrovisor en busca de problemas que se resisten a desaparecer.