¡Alerta de diplomacia con sonrisa forzada! El ministro de Exteriores chino, Wang Yi, recibió a una delegación de senadores estadounidenses y calificó las relaciones con Washington de “estables”, aunque todos sabemos que eso es como llamar “cálida” a una ducha de agua helada. Esta visita, la primera desde que Donald Trump regresó a la Casa Blanca, tiene un “significado simbólico”, según Wang. ¿Será un paso hacia la paz o solo una foto incómoda para Instagram?
Wang no escatimó en poesía barata, deseando que los senadores descubran un “nuevo panorama de desarrollo” y construyan “puentes de comunicación”. Traducción: espera que no se peleen por el wifi del hotel. También habló de explorar nuevas áreas de cooperación y un desarrollo “saludable y sostenible”, mientras Trump se prepara para aterrizar en China la próxima semana. ¿Vendrá con un plan de paz o con un maletín lleno de aranceles sorpresa? Wang alabó la actitud de Trump y del presidente Xi Jinping, diciendo que ambos han sido clave en momentos cruciales. Seguro, como dos boxeadores que se abrazan antes del próximo round.
Sobre Taiwán, el elefante en la habitación, el portavoz Lin Jian fue claro: es el corazón de los intereses chinos y la base de su relación con EE. UU. Advirtió que la unidad nacional no es negociable, con una determinación más dura que un karaoke después de tres cervezas. China no cederá ni un milímetro en su integridad territorial.
En fin, esta visita pinta como un circo diplomático. ¿Lograrán Wang y los senadores avanzar hacia la “paz global”, o solo se sacarán fotos sonriendo mientras piensan en sus próximas pullas? Esto está más tenso que un chiste malo en una cena familiar.